Este sitio web utiliza cookies

Lea nuestra Política de Privacidad y Términos de Uso para más información.

☕ Mientras se hace el café

Dicen que en Samhain el velo entre los vivos y los muertos se vuelve más fino. Que la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre, el año celta se cierra y algo se cuela por esa rendija (los que ya no están, o el recuerdo de ellos, que a veces es lo mismo).

Samhain se celebraba con grandes hogueras: fuego purificador, encendido para proteger el ganado y las cosechas de los espíritus que, se creía, andaban sueltos esa noche. Esa costumbre cruzó el Atlántico con los emigrantes escoceses e irlandeses, y en América fue mutando poco a poco: la hoguera se hizo vela dentro de una calabaza tallada, la ofrenda a los muertos se convirtió en caramelo para los vivos. Así, sin que nadie lo planeara del todo, nació lo que hoy llamamos Halloween.

A pocos cientos de kilómetros de donde esa tradición echó raíces, y siglo y medio antes, otra comunidad vivía un miedo distinto. En Salem no se honraba a los muertos: se buscaba a las culpables. El resultado no fue un disfraz, sino un juicio, y veinte personas ejecutadas por brujería, la mayoría mujeres.

A mí Halloween me gusta de verdad, sin ironía. Me gusta esa idea de que el velo se estrecha, aunque sea solo una noche, y de que vivos y muertos conviven sin pedirse permiso. Las ofrendas, ese plato extra de comida que se dejaba, vacío, en la mesa, y los altares de cosecha, hoy han dado paso a las telarañas falsas, a los niños llamando a la puerta pidiendo truco o trato, y a las velas que parpadean en las ventanas. Cada octubre busco, además, una lectura que acompañe la temporada — algo con brujas, fantasmas, o alguna criatura que solo se atreve a salir estos días.

Porque esta es la época en la que esas criaturas "cobran vida". La bruja no es solo un disfraz de octubre, es también la mujer que la historia decidió culpar. El vampiro no es solo un colmillo de plástico, es también el miedo a lo que no envejece, a lo que vuelve. Fantasmas, brujas, vampiros: figuras que inventamos para nombrar lo que no sabemos nombrar de otra forma, y que esta quincena, por una vez, dejamos entrar sin pedirles explicaciones.

Y como esta noche el velo se estrecha, dejo yo también la puerta entornada.

«El silencio se posaba, inalterable, sobre la madera y la piedra de Hill House, y fuera lo que fuese lo que caminaba allí dentro, caminaba solo.»

— Shirley Jackson, La maldición de Hill House

📖 De mi biblioteca

Dos recomendaciones.

1. Yo, Tituba, la bruja negra de Salem — Maryse Condé (Impedimenta, trad. Martha Asunción Alonso)

De Tituba, acusada en los juicios de brujería de Salem de 1692, apenas queda registro: los documentos del proceso la nombran solo "esclava india" (su origen real sigue siendo objeto de debate entre historiadores). Maryse Condé llena ese silencio con una vida entera: la infancia en Barbados, los saberes heredados de una curandera, el amor por John Indian, la travesía hasta Massachusetts. Allí, lo que en su isla era magia doméstica se convierte, a ojos puritanos, en prueba de brujería. Condé le devuelve la voz en primera persona a alguien que la historia solo dejó hablar a través de un juicio. Mi libro favorito de la autora.

2. El vampiro — John William Polidori (Ediciones Invisibles, colección Pequeños Placeres, trad. Carlos Mayor)

Publicado en 1819, El vampiro es una de esas obras que, pese a su brevedad, dejaron una huella duradera en la literatura. Considerado el primer relato moderno sobre vampiros, precede en varias décadas a Drácula y sentó las bases del mito tal como lo conocemos hoy. La historia sigue a Aubrey, un joven aristócrata inglés fascinado por Lord Ruthven, un hombre enigmático y de modales impecables cuya presencia resulta tan atractiva como inquietante. Juntos emprenden un viaje por Europa que pronto se tiñe de sombras: muertes inexplicables, promesas rotas, un secreto que amenaza a quien se acerque demasiado. Polidori no necesita largas descripciones para crear esa atmósfera (la incomodidad se transmite más por lo que no se dice que por lo que se narra), y el giro final deja un poso de inquietud que encaja con el espíritu romántico de la época. Esta historia nació en una noche mítica: la misma en la que, en la villa suiza de Lord Byron, Mary Shelley comenzó a imaginar Frankenstein. Polidori, médico personal de Byron, tomó una idea del propio poeta y la convirtió en este relato que, dos siglos después, sigue siendo una joya del romanticismo oscuro y de la literatura gótica.

🎬 En primera fila

Me encantó La maldición de Widow's Bay desde el primer episodio. Una isla de Nueva Inglaterra que arrastra una maldición centenaria y una lista de sucesos que nadie termina de explicar, y un alcalde (Matthew Rhys, en un papel extraordinario) empeñado en venderla como el próximo destino turístico de moda, pese a las advertencias de todo el pueblo.

La serie combina bien comedia y misterio: mantiene la tensión encendida capítulo a capítulo, con esa sensación de que algo ronda sin mostrarse del todo. Rhys sostiene ese equilibrio con precisión quirúrgica, y no he sido la única en notarlo: la serie ha entrado pisando fuerte en esta temporada de premios, con 19 nominaciones a los Emmy (incluidas Mejor Serie de Comedia, Mejor Actor para Rhys, y menciones también para Kate O'Flynn, Dale Dickey y Stephen Root). Ya hay segunda temporada confirmada. Disponible en Apple TV+.

🎵 El tocadiscos

In the Mood es puro swing de 1939: la grabó Glenn Miller ese verano, y en 1940 llevaba trece semanas seguidas como la canción más escuchada de Estados Unidos. Stephen King la usó en Rose Red (2002), su miniserie sobre una mansión encantada, y ahí cobra un sentido distinto: es la canción favorita de Annie, la adolescente médium capaz de despertar la casa con su mente. En una escena, consigue que el viejo tocadiscos de la mansión vuelva a funcionar (nadie lo había tocado en décadas) y es esta melodía la que suena; la alegría del swing filtrándose por los pasillos de la casa más maldita de la ficción de King.

La vi en familia siendo adolescente, y esta canción todavía me lleva de vuelta a esas noches.

Firma

Reply

Avatar

o para participar