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☕ Mientras se hace el café

Octubre es mes de cosecha, y no solo en el campo. La semana pasada Fráncfort se llenó de editores, agentes y traductores discutiendo derechos de traducción durante cinco días; el mercado del libro moviéndose por debajo de todo lo que después llega a nuestras estanterías. Es la parte que no se ve: meses, a veces años, de trabajo que se cierran en un pasillo de feria con un apretón de manos.

Y mientras tanto, los premios van marcando el calendario. El Booker ya tiene shortlist: seis títulos, entre ellos The Things We Never Say, de Elizabeth Strout (sí, ha entrado, y me alegro mucho). El ganador se sabrá el 9 de noviembre, así que para entonces ya os contaré cómo queda la cosa.

Lo que sí tenemos ya es el Nobel de Literatura. Annie Ernaux lo ganó en 2022. Después llegaron Jon Fosse (2023), Han Kang (2024) y László Krasznahorkai (2025); algunos nombres que, quizás, no conocíamos hasta que la Academia sueca los puso sobre la mesa un jueves de octubre. Este año, la cosecha del Nobel ha sido para la canadiense Anne Carson, «por su obra audaz e inventiva que, en un diálogo lúdico con la tradición clásica, ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea». Estaba en mi quiniela, junto a Margaret Atwood; dos canadienses, por si acaso. Aquí ya le habían dado el Princesa de Asturias de las Letras en 2020.

Confieso que a Anne Carson todavía no la he leído. Sé que es poeta, ensayista y traductora, que ha pasado la vida entre griegos y latinos y que ella misma sitúa el origen de su trabajo en la etimología: de dónde viene cada palabra. Hay un libro suyo que me interesa especialmente: Nox, la elegía que escribió tras la muerte de su hermano. Viene en una caja, desplegada en acordeón, como el cuaderno que ella misma hizo a mano, con fotos, cartas y su traducción, palabra por palabra, del poema que Catulo dedicó a su propio hermano. Así que este año el Nobel, más que una cosecha, a mí me deja una semilla. La cosecha vendrá después.

«Tras cruzar muchos pueblos y muchos mares, llego, hermano, a estas tristes exequias.»

— Catulo, Carmina 101

📖 De mi biblioteca

Dos recomendaciones.

Portada de James, de Percival Everett

1. James — Percival Everett

Una reescritura de Las aventuras de Huckleberry Finn narrada desde la perspectiva de Jim, el hombre esclavizado al que Twain dejaba sin voz propia. Aquí toma la palabra, con toda su inteligencia e ironía intactas. La novela ganó el National Book Award de Ficción 2024 y el Premio Pulitzer de Ficción 2025 (la culminación de una carrera que ya había rozado estos mismos premios: Los árboles, que devoré hace un tiempo y que tarde o temprano tendrá su hueco aquí, fue finalista tanto del Booker como del PEN/Faulkner).

Portada de La vergüenza, de Annie Ernaux

2. La vergüenza — Annie Ernaux

En 1952, cuando Annie Ernaux tenía doce años, su padre intentó matar a su madre un domingo cualquiera. Con la prosa seca y clínica que define su autoficción, reconstruye ese año y cómo aquella escena convirtió a su familia en «gente indecente». En 2022 ganó el Premio Nobel de Literatura por su forma de hurgar en la memoria personal y sus ataduras de clase.

🎬 En primera fila

The Madison — SkyShowtime / Movistar+

Michelle Pfeiffer está sencillamente espectacular en The Madison. Detrás del envoltorio inicial (todos esperando otro spin-off de Yellowstone) encontramos algo mucho más profundo: los Clyburn, una familia neoyorquina adinerada que se traslada al valle del río Madison, en Montana, tras una tragedia que lo cambia todo. Lo que más me ha gustado no es el paisaje, aunque es magnífico, sino la manera en que la serie retrata el duelo, dejando que el silencio haga su trabajo.

Y en los cimientos, una lectura fina sobre la clase social: lo que el dinero puede comprar y lo que, por mucho que se empeñe, nunca alcanza a curar. Ya hay una segunda temporada rodada y una tercera confirmada, así que estoy deseando que lleguen.

The Madison — SkyShowtime y Movistar+.

🎵 El tocadiscos

All the Small Things — Postmodern Jukebox ft. Puddles Pity Party (vídeo)

All the Small Things — Postmodern Jukebox ft. Puddles Pity Party

Tom DeLonge escribió "All the Small Things" pensando en su entonces novia, después esposa y madre de sus hijos. El resultado: un himno pop-punk de dos minutos y medio que llegó al número 6 del Billboard y acabó en el imaginario colectivo como esa canción que todos cantamos sin prestar mucha atención a la letra.

Postmodern Jukebox (el colectivo de Scott Bradlee, que desde 2009 viste de swing y jazz de otra época los éxitos del pop actual) tira en la dirección contraria: con Puddles Pity Party, un payaso de casi dos metros con voz de barítono y un aire a Roy Orbison, la ralentizan hasta convertirla en balada de piano. Los vi en directo en Madrid, hace años ya. Un espectáculo.

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