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☕ Mientras se hace el café
¿Qué clase de fe hace falta para construir algo que sabes que no vas a ver terminado? Me lo pregunté en Reims, delante del Ángel de la Visitación, y me lo seguí preguntando días después, cruzando el Sena hacia la orilla izquierda. Venía de una ruta por las catedrales góticas del norte de Francia —Sens, Troyes, Reims, Amiens, Rouen, Chartres— y llegaba a París por quinta vez, aunque en esta ocasión de otra manera: con los ojos todavía acostumbrados a mirar hacia arriba. La Rive Gauche es un lugar y una idea al mismo tiempo. Calles por las que paseó (y bebió) Hemingway. Cafés donde Simone de Beauvoir se sentaba a escribir. El Barrio Latino, que en mayo de 1968 se llenó de barricadas hechas con adoquines y coches volcados, estudiantes gritando contra un gobierno entero, convencidos de que algo podía cambiar aunque no llegaran a verlo del todo. Es la misma fe, en el fondo, que la de quienes levantaron las catedrales: creer en algo que no vas a terminar de ver. Esa fe también tiene su rincón con olor a papel viejo y café: Shakespeare & Company, frente al Sena, con su lema grabado en la pared de la escalera: Be not inhospitable to strangers, lest they be angels in disguise. George Whitman abrió Le Mistral en 1951 con esa frase como brújula. Dejaba dormir a escritores entre las estanterías (Ginsberg, Anaïs Nin, y tantos otros) a cambio de dos horas de trabajo al día, un libro leído y una autobiografía de una página. Más de cuarenta mil personas han pasado por allí desde entonces. Esta vez tuve que hacer cola para entrar. Nunca me había pasado. Hay algo melancólico en ver convertido en atracción turística un lugar que nació precisamente de lo contrario. Pero la frase sigue en la pared. Y me parece que eso es lo que tienen los libros también: guardan cosas que la gente no cuenta en voz alta. Como una librería que abre sus puertas sin saber quién va a entrar. «Si tienes la suerte de haber vivido de joven en París, la recordarás el resto de tu vida, vayas a donde vayas, porque París es una fiesta.» — Ernest Hemingway, París era una fiesta |
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🎬 En primera fila
Cuarenta años después de su estreno en Londres, Los Miserables vuelve al Teatro Apolo de Madrid, el escenario que conquistó España por primera vez en 1992. Yo ya lo había visto antes (en Sevilla, en noviembre de 2013) y ahora, aquí, ha vuelto a atraparme igual. El montaje y la puesta en escena están a la altura de todo lo que se cuenta de esta producción: más de 150 millones de espectadores en 57 países no mienten. Jean Valjean, Javert, Cosette: la Francia posrevolucionaria de Victor Hugo hecha canción. Trece años después, sigue siendo una de las mejores tardes de teatro que recuerdo. Los Miserables, el musical — Teatro Apolo, Madrid. Hasta el 1 de noviembre de 2026. |
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🎵 El tocadiscos
Sous le ciel de Paris — Zaz La escribieron Hubert Giraud y Jean Dréjac en 1951 para una película que nadie recuerda ya, sobre un día cualquiera en París: un pescador en el Sena, una anciana dando de comer a gatos que no son suyos. La canción sí sobrevivió a la película. Juliette Gréco la llevó de gira por el mundo entero, y luego la hicieron suya Piaf, Montand, medio siglo de voces francesas. En 2025, Zaz la cantó en los Campos Elíseos junto a la Orquesta de la Guardia Republicana, en un concierto por el 80 aniversario del fin de la guerra en Europa. Algunas canciones no envejecen. Solo cambian de voz. |
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